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Mostrando las entradas de julio, 2025

La ultima historia del abuelo

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-"Tiene un don con los animales"- solía decirle mi abuelo al que estuviese al lado, mientras me miraba interactuar con algún animal, lo recuerdo patente. A mi eso me generaba de alguna forma un orgullo y una sensación de fraude, porque no sabía nada más de lo que sabe una persona que simplemente presta atención a las señales que los otros le brindan. Sin embargo el abuelo también tenía cosas que a mi no me agradaba mucho. Sobre todo ciertos conceptos,en mi opinión, muy cuadrados, que no compaginan con su faceta de artista. Uno de ellos era el de lo "femenino" y lo "masculino", de las cosas de nenas y las cosas de varón.  Recuerdo una vez que de niños nos alcanzó a mi y a mi hermano jugando con una mancuerna pequeña, de esas de medio kilo quizás. Jugábamos a quien podía subir y bajarla más veces antes de que se nos venza las fuerzas del brazo. Eso al abuelo no le gustó, recuerdo que me dijo que era una nena, y si hacía mucho ejercicio me iban a quedar los m...

¿De donde sos? La ruta del jueves

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- ¿y vos de donde sos?- me pregunta el remisero sin mover sus ojos de la ruta. Es una pregunta que me hacen muy seguido y siempre me resulta muy curiosa. Porque con la misma oracion pueden estar preguntandome desde donde vengo, donde  vivo, donde nací o ,a lo que a mi más me suena, a donde pertenezco.  Soy del verbo "ser", soy nacido en Resistencia, Chaco y soy un poco su cultura, su historia y sobre todo sus horarios. Soy más del campo aunque me crie técnicamente en la ciudad, solo que en aquellas zonas apartadas, aún en desarrollo que tenian más zanjas con renacuajos que alumbrado público. Soy más de andar descalzo aunque mi madre haya batallado toda mi vida para que use al menos ojotas. Soy de los domingos que se almuerza en familia, con los tíos, los primos y todo el que venga. Las siestas colgados con los primos en el árbol, bajando Ñangapiri, pomelos, limones o moras según la estación del año. Soy de los patios con tierra y olor a bizcochuelo de la abuela. Soy más del o...

La madrugada de los silbidos

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Luego de la tormenta me sentí una persona nueva, no solo por la realización del por qué de mi viaje y la sensación del deber cumplido. Sino que además cuando fui a comprarle agua caliente a la señora que cuida los baños, como quien comparte una información valiosa, me dijo que acababan de prender el termotanque, y que si quería podía darme una ducha de agua caliente.  Decidí a conciencia  ignorar el episodio con los focos hace pocas horas y salí volando a buscar mis cosas para el bañarme. Una ducha de agua caliente en estas circunstancias era el equivalente a ver el rostro de Dios de frente. Esa sensación curiosa que solo pueden entender los que lo han vivido, entre el riesgo que pueden significar las duchas públicas, donde en el mejor de los casos una puerta o cortina y cero testigos te separan de otra anécdota poco alegre que contar. Y a su vez lo espiritualmente mágico que puede llegarse a sentir una ducha en ciertas alturas de un viaje. Te reconcilia con la vida. Y el agua...

Miercoles 16. La lluvia

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Nada más terminar de enviar el mensaje en que contaba que había sobrevivido intacto a la lluvia se fue la señal de mi teléfono, los pájaros se callaron y el cielo se oscureció de golpe. Otra vez habia hablado muy pronto. La temperatura bajo varios grados más de golpe y los truenos se hicieron oír acompañados de fuertes ráfagas de viento que en un instante trajeron también la lluvia. Volví a hundirme en mi carpa y activar el protocolo "estar listo" juntando todo en el centro de la carpa por precaución y preparado en caso de que la tormenta se tornara peligrosa y tuviera que salir corriendo. Las luces del predio se encendieron antes incluso de que dieran las 17:30 de la tarde y una línea cerca de los baños hizo explotar dos focos que se apagaron definitivamente luego de un show de chispas. Me puse dos pares de medias juntas , me cubrí con el piloto plástico y me recosté rodeado por las cosas en el centro de la carpa abrazando la bolsa de dormir. De esta forma mi pecho y mi vien...

Cartas a nadie

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Desde que tengo memoria los relatos en mi cabeza empiezan como una carta. "Querida majo: va a ser nomas como dijo el pronóstico ya que ni bien llegué el cielo se nubló completamente, va a llover". Como cartas que nunca enviare. Cuando era más niña le escribia a mi mamá. Pero no a la que llegaba a casa del trabajo, no, a una mamá, alguna, que nunca me respondió una carta mental pero las leía todas. Le contaba cuando me sentía solo en el recreo o la ansiedad que me generaba siquiera pensar que llegaría el recreo y no tendría como disimular que no tenía grupo con el que jugar o charlar. Le contaba a ella cuando me daba cuenta de algo feo que me hacían a propósito aunque fingíera que no lo noté. Cuando descubrí la biblioteca que empezó a salvarme los recreos, pero como me costaba mucho aún  leer, elegía los libros ilustrados de animales. Le contaba a la persona real o ficticia en mis cartas todo lo que me hubiese gustado contarle a alguien. Todas esas historias que fueron cavand...

Martes 15. Empedrado

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  -Quien dice 10 dice 20 jajjaja-  me decía majo ayer cuando me advertía que la línea de colectivos con la que había sacado pasaje me iba a dejar en la entrada de Empedrado y luego tendría que caminar bastantes cuadras hasta el camping. Ya me había olvidado lo que era caminar con 10kg(o más) entre carpa y mochila a cuestas bajo el sol. Todo el camino vengo hablándome a mi mismo para no rendirme, algunas calles y caminos me suenan pero no estoy seguro de querer recordar mi última visita aquí.  En el punto justo en que mis brazos están por abandonarme doblo en la calle San Martin que lleva al camping municipal y ¡bum! Todo cambia. De repente recuerdo el por qué me encanta tanto viajar a las localidades del interior y mis fuerzas regresan.  Para ser una persona que tendría una maquina del tiempo en su casa si pudiera, viajo de golpe al pasado sin esfuerzo y detrás de cada puerta de madera pintada de gris con un pequeño rectángulo de vidrio parece que está a punto de sal...

Las señales de Loreto

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  Visitar las calles de Loreto se siente similar a como siento hoy la vida. En este pequeño pueblo tan alejado del mundo cotidiano como mi cabeza, la señal no llega. No llegan los mensajes, no llegan los llamados, no llegan las indicaciones…o al menos no llegan a tiempo. Parece que estas todo el tiempo sentado horas esperando un colectivo que no llega, mientras todos a tu alrededor tienen sus actividades bien definidas. En el mejor de los casos puedo planear mi ruta antes de salir del campamento, pero luego ya sobre la calle si entro en duda no tengo forma de corroborarlo más que seguir caminando, dando vueltas en círculos en varias esquinas, o quizás en un acto de gran valentía…preguntar a un extraño, pero es inútil, no tiene idea a donde debería ir. No me queda más que confiar en mi instinto e ir en contra de toda mi razón cuando las calles se van poniendo más y más rusticas, cuando el camino se estrecha, cuando la vegetación se sube cada vez más a la vereda y esa pequeña voz...