Miercoles 16. La lluvia

Nada más terminar de enviar el mensaje en que contaba que había sobrevivido intacto a la lluvia se fue la señal de mi teléfono, los pájaros se callaron y el cielo se oscureció de golpe. Otra vez habia hablado muy pronto.

La temperatura bajo varios grados más de golpe y los truenos se hicieron oír acompañados de fuertes ráfagas de viento que en un instante trajeron también la lluvia.

Volví a hundirme en mi carpa y activar el protocolo "estar listo" juntando todo en el centro de la carpa por precaución y preparado en caso de que la tormenta se tornara peligrosa y tuviera que salir corriendo.

Las luces del predio se encendieron antes incluso de que dieran las 17:30 de la tarde y una línea cerca de los baños hizo explotar dos focos que se apagaron definitivamente luego de un show de chispas.

Me puse dos pares de medias juntas , me cubrí con el piloto plástico y me recosté rodeado por las cosas en el centro de la carpa abrazando la bolsa de dormir. De esta forma mi pecho y mi vientre se mantenían cálidos y me daba mayor bienestar a pesar de que mis piernas y mis pies me enviaban puntadas por el frío cada tanto.

Esta era la forma más eficiente de mantenerme caliente y de a poco entre el ruido del viento y la lluvia sobre el techo de la carpa me fui quedando dormido, mientras escuchaba los motores de los vehículos de las pocas personas que quedaban en el camping rugir y huir despavoridos a lo que sonaba a una horrible tormenta. 

Mis manos se sentían cálidas también y mientras mi mente se adormecia iba recordando las manos de mi abuelo, siempre tan cálidas sin importar la época del año. Tambien recordé aquella charla en la roto con lu y majo diciendo como ellas les molestaba tener las manos frias en invierno, y las manos de la sensei que incluso se pusieron algo azules una vez. Voy quedándome dormido a pesar del frio.

Estar así me recuerda algo más y mi mente quiere recordar un momento similar vivido cuando era pequeña, pero una barrera surge de repente y lo vuelve a patear muy lejos.

Se acongoja mi corazón de tristeza porque aunque no la veo, aun escucho a esa niña llorar.

Y entonces lo entiendo. Entiendo que estoy haciendo en este viaje. Entiendo que son los males que me llevaron hasta aquí y por qué surgen de las cosas más inhóspitas y cotidianas.

Llevo un año tratando de revivir el recuerdo de mi abuela, y en su lugar traigo a la vida a aquella niña que fui y cada una de sus historias parece doler más que la anterior. Pero todo lo que quiero hoy por hoy necesita que la reviva. Y que deje de llorar.

Me despierto cuando escucho el grito de un pájaro. Ya es oficialmente de noche y solo se escucha viento. Muevo mis piernas duras pero de alguna forma transpiradas seguro del fruto de tanto temblar.

Abro la carpa y la oscuridad es absoluta pero también calma. Agarro mis botas y me dispongo a ponermelas, ya casi se termina el viaje y es el momento perfecto para un mate. 





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