La ultima historia del abuelo

-"Tiene un don con los animales"- solía decirle mi abuelo al que estuviese al lado, mientras me miraba interactuar con algún animal, lo recuerdo patente. A mi eso me generaba de alguna forma un orgullo y una sensación de fraude, porque no sabía nada más de lo que sabe una persona que simplemente presta atención a las señales que los otros le brindan.

Sin embargo el abuelo también tenía cosas que a mi no me agradaba mucho. Sobre todo ciertos conceptos,en mi opinión, muy cuadrados, que no compaginan con su faceta de artista.

Uno de ellos era el de lo "femenino" y lo "masculino", de las cosas de nenas y las cosas de varón. 

Recuerdo una vez que de niños nos alcanzó a mi y a mi hermano jugando con una mancuerna pequeña, de esas de medio kilo quizás. Jugábamos a quien podía subir y bajarla más veces antes de que se nos venza las fuerzas del brazo. Eso al abuelo no le gustó, recuerdo que me dijo que era una nena, y si hacía mucho ejercicio me iban a quedar los músculos marcados y eso era feo en las mujeres. Y una suerte de que luego ya iba a quedar así deforme etc.

Lo recuerdo porque si bien me molestó en ese momento, muchos años tuve el concepto errado de cómo funciona la hipertrofia muscular en el ejercicio. Ojalá por hacer ejercicio una vez nos quedarán los músculos marcados toda la vida.

Tampoco era cierto que las mujeres muy musculosas o deportistas fueran monstruos rechazados por la sociedad (aunque si hay un tema social ahí, todos lo sabemos).

Los últimos años cuando mi cuerpo empezó a cambiar y mi apariencia a volverse un tanto androgina, a pesar de que el abuelo no estaba necesariamente demasiado perdido, solía confundirse mucho al verme. No sabía cómo saludarme, muchas veces no me reconocía y me saludaba como un extraño.

Era incómodo para ambos, quizás para todos.

Pero había una cierta materia neutra en la mesa de la abuela, con los primos y tíos de cada lado y era la charlatanería. El abuelo estaba sordo, profundamente sordo y creo que es su tipo de sordera la que heredé. Pero no importaba nada de eso cuando el quería contarte un chisme (o "noticia" hubiera dicho él).

Era algo que ya hacía cuando eramos pequeños. Sacaba del diario, de la tele o quien sabe donde algún dato o noticia del momento y la "retocaba", nunca sabías qué de esas historias era realmente cierto. Porque además el drama con el que las contaba contagiaba un cierto grado de asombro e incredulidad.

Lo peor es que algunas eran ciertas. Aparecía la abuela diciendo "si, es verdad" y le ponía un toque serio al asunto. Otras veces encambio se acercaba escandalizada y le decía " pero no guillo!" O "eh! De donde sacaste eso? Es mentira! no le creas nada, esta inventando".

A veces el abuelo se defendía y moría con las botas puestas -"pero como que no negra, si te digo que yo mismo vi como se levantaba y empezaba a volar"- (o una cosa parecida, inchequeable).

Cuando se puso más viejo tenía el beneficio de la duda.- "entendió mal, dejale"- decía mi mamá luego de que éste terminara de exponer como china había comprado en secreto toda África.

Mi tía en cambio lo escuchaba y le seguía la corriente -"eh...¡no me digas! pero que barbaridad..."- luego nos miraba y se reía. Cuando ya deliraba muchas teorías conspirativas lo frenaba con un -"igual vos no te tenes que preocupar por eso papi"-.

A veces cuando alguien le rebatia su argumento sacaba la carta de la sordera o directamente cambiaba drasticamente de tema desconcertando al interlocutor. 

La "sordera selectiva" como le llamábamos los primeros años cuando le surgió, ya que la abuela le gritaba todo el día y él algunas cosas no le escuchaba.

No era de mala la abuela que gritaba, sino como forma de comunicación. "Guilloooooo" se escuchaba que lo llamaba desde la cocina mientras él podía estar tranquilamente en el patio, el estudio o incluso en la calle que se la escuchaba.

"Cuidado guillo" "frena ahi guillo" "mira que viene mucha gente ahora guillo" . La abuela en el auto era la copiloto más completa. Ni Google maps, ni Alexa tenían tanto control de todo lo que estaba pasando. Solo le faltaba agarrar ella el volante. Y aunque no lo se, seguro llego a pasar alguna vez. No tengo pruebas ni dudas.

El día que le hicieron su primer procedimiento mamá me aviso que ya estaba en la habitación, y como justo me quedaba en buen camino la clinica y tenia tiempo, pasé a verlos. La abuela se veía agotada y le hicimos el relevo con mamá.

El abuelo estaba sentado en la cama, se lo veía con buen ánimo pero cansado. -"Hola abuelo! ¿Como estas?"- Le salude como siempre, a pesar de todo nunca cambie la forma en lo que lo saludaba, me reconozca o no. Sin embargo esta vez me miró y me devolvió el saludo sonriendo, y luego agregó-"mira, tenes todo rulos como cuando eras chiquito".

Eso me desconcertó -"si viste?"- le dije y me reí. Los primeros años de mi vida tuve un pelo medio rubio y enrulado que había desaparecido por completo al crecer pero la gente aún hoy veía confundida en las fotos. Y sin embargo el último tiempo de la nada se volvió a enrular mi cabello. 

Mamá le comentó algunas cosas y estábamos charlando vagamente cuando por alguna razón empezó a contar sobre su experiencia militar. Más de una vez nos había contado anécdotas de esa época, sin duda lo habían marcado mucho. Aún recuerdo varias de ellas, todas repletas de maltratos por parte de los jefes y avivadas de los compañeros. Igual se reía de muchas "gauchadas" vividas.

Ese dia nos contó de la vez que se cansó. Una noche muy difícil luego de otra maldad de los superiores, nos contó que soñó con su casa, soñó que entraba por la puerta de la misma y fue tan vivido y fuerte la sensación, que cuando se despertó lo tuvo claro. Se levantó y directo  fue a la oficina del jefe a comunicarle que renunciaba. Éste, desconcertado le preguntó el  por qué e intento convencerlo de que tenía futuro si quería conseguir otros cargos. El abuelo nos contó que él en cambio solo le dijo "no, yo quiero irme a mi casa". Junto sus cosas y se fue.

Esa fue la última historia que me contó el abuelo. Ese día lo despedí, le dije que se cuide y me volví al trabajo.

No sabia yo,  obviamente, que sería la última, y aún así llevé todo el día y los siguientes meses fijada la emoción que me transmitió su relato. "Me voy a casa".

Yo quiero contarme a mi mismo la historia de como mi abuelo supo perfectamente quién era yo ese día. Su nieto con "el don para los animales" como él tanto me decía, y que su anécdota fue un adelanto anunciando de su regalo. 

Ya que el primero de octubre, y en son de conmemorando, tanto yo como mis primos, todos volvimos a casa.





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