Las señales de Loreto
Visitar las
calles de Loreto se siente similar a como siento hoy la vida. En este pequeño pueblo tan
alejado del mundo cotidiano como mi cabeza, la señal no llega. No llegan los
mensajes, no llegan los llamados, no llegan las indicaciones…o al menos no
llegan a tiempo. Parece que estas todo el tiempo sentado horas esperando un
colectivo que no llega, mientras todos a tu alrededor tienen sus actividades
bien definidas.
En el mejor de
los casos puedo planear mi ruta antes de salir del campamento, pero luego ya sobre la
calle si entro en duda no tengo forma de corroborarlo más que seguir caminando, dando
vueltas en círculos en varias esquinas, o quizás en un acto de gran
valentía…preguntar a un extraño, pero es inútil, no tiene idea a donde debería
ir.
No me queda más
que confiar en mi instinto e ir en contra de toda mi razón cuando las calles se
van poniendo más y más rusticas, cuando el camino se estrecha, cuando la
vegetación se sube cada vez más a la vereda y esa pequeña voz en mi cabeza no
deja de decirme que quizás giré mal en la primera cuadra, que debí ir en el
sentido en que iban la mayoría de los autos.
Igual sigo
caminando, total ya estoy perdido en medio de la nada, da lo mismo seguir
adelante que retroceder. Entonces tres cuadras más allá se ven un cartel, una
señal. Una indicación que asevera, aunque no con mucha confianza de mi parte
que este es en efecto el camino que debía tomar. Demasiado alejada, demasiado
escueta, con demasiada confianza en su labor, confianza que me falta a mí para
sentirme tranquilo de hacerle caso. No entiendo ese escandaloso intento de
economizar en señales, en mapas ¿Qué no ven que estoy perdido? Luego pienso que quizás solo a mí se me hacen
muy alejadas porque soy el único que va a pie.
Al final llego,
como todos los demás, solo que más cansado y con más adrenalina, ya que mi
viaje estuvo mucho más repleto de incertidumbre e incomodidades, de historias y
sucesos que se reprodujeron en mi cabeza, pero nunca llegaron a tener lugar en
la realidad.
Me miran raro.
Debo ser raro, pero yo elegí venir así, en estas condiciones.
La vida me
recuerda a Loreto, o Loreto me recuerda a la vida. Esa que no se desvive por
darnos señales, que te hace creer la mayor parte del tiempo que estás perdido y
no es hasta el último momento que te das cuenta…que llegaste a destino.

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