La madrugada de los silbidos
Luego de la tormenta me sentí una persona nueva, no solo por la realización del por qué de mi viaje y la sensación del deber cumplido. Sino que además cuando fui a comprarle agua caliente a la señora que cuida los baños, como quien comparte una información valiosa, me dijo que acababan de prender el termotanque, y que si quería podía darme una ducha de agua caliente.
Decidí a conciencia ignorar el episodio con los focos hace pocas horas y salí volando a buscar mis cosas para el bañarme. Una ducha de agua caliente en estas circunstancias era el equivalente a ver el rostro de Dios de frente.
Esa sensación curiosa que solo pueden entender los que lo han vivido, entre el riesgo que pueden significar las duchas públicas, donde en el mejor de los casos una puerta o cortina y cero testigos te separan de otra anécdota poco alegre que contar. Y a su vez lo espiritualmente mágico que puede llegarse a sentir una ducha en ciertas alturas de un viaje. Te reconcilia con la vida.
Y el agua de esa ducha era ciertamente un milagro. Conozco personas a las cuales es este mismo tema de los baños lo que los frena a irse de viaje sin destinos fijos, y los entiendo. Pero para mi suerte es un desafío que ya había conquistado en mis viajes anteriores. En la mayoría de ellos las duchas eran frías y rápidas.
También es un buen momento de reconocimiento para uno mismo. En mi viaje anterior ,cuando tuve de nuevo una ducha privada y con agua tibia en mi visita a Loreto, me descubrí cortadas y heridas infectadas que ni sentí ni recordaba haberme echo. Pero al contacto con al agua tibia empezaron a doler. Algunas incluso requirieron medicación a mi regreso.
Todo eso hacia que esto fuera definitivamente el regalo ganador por la misión cumplida, cuando salí incluso el viento y la llovizna habían parado asique pude sacar mi cocinita y hacerme la cena a gusto. Me abrigue y me acosté cálido y realizado. Iba a ser una noche placentera por ser la ultima.
Dormí varias horas cuando para mi disgusto a las 1 am me empezó a despertar el frío. Seguía bajando la temperatura y cada tanto volvía el viento. Ajuste mi bolsa y volví a dormir.
Me volvieron a despertar las primeras puntadas de dolor apenas cumplidas las 3 , ya no podía conciliar el sueño. Al rato volvi a mirar con desagrado en el teléfono como recién eran las 3:30, 9° C empezaba a marcar y 7° de sensación termica.
Sentía el frío subirme por la columna y no podía sentír mi cara. Me incorpore y como pude me puse por encima del que ya tenia otro pantalón, y el último par de medias. Me puse los guantes tácticos en las manos. Y puse la ropa sucia dentro del estuche de la bolsa de dormir y este dentro de mi campera a la altura de mi panza.
El piso era hielo puro asique en un intento de disminuir el contacto me senté piernas cruzadas y me envolví con la bolsa de dormir. Estaba echo un tótem.
El frío me subía y bajaba por la espalda,la cabeza me dolía y me sentía mareado. Mire la hora en el teléfono 4:04, 6° c.
En ese momento empece a ver como se iluminaba de a poco el exterior de la carpa, como si se estuviera aclarando para amanecer, lo cual era imposible dada la hora. Los focos del camping se veían nítidos al rededor de la luz que dibujaba perfecto las siluetas de las cosas.
Justo entonces empecé a escuchar un silbido.
A lo lejos se iba moviendo de un lado a otro. A veces lo escuchaba por la izquierda, otras por la derecha de la carpa. Era un silbido no agudo, sino uno grave y penetrante. Como el de un ave rapaz enorme que estuviera caminando de lado a lado de mi carpa.
"Son las 4 am, no soy estúpido"- pensé , yo que si leo las historias y leyendas no iba a abrir la carpa y salir a ver.
Así estuve un buen tiempo sentado mareado. Pero era la claridad lo que más me intrigaba, podía ver cada lugar de la carpa sin esfuerzo. Entonces recordé que yo era ese personaje que en las películas muere por ir hacia el ruido, asique me quite la bolsa de dormir y me dirigí a abrir el cierre de la carpa
Era de noche claramente y estaba profundamente oscuro y no se veía nada. Lo que sí vi fue a la gorda, la perrita que me había estado siguiendo más de una vez ese día, echa un ovillo y temblando junto a mi carpa.
"Te estás cagando de frio" le dije y me movió lastimosamente la cola. "pasa dale" -le dije al tiempo que abría un ala de la carpa, y ella entró dudando. Cerré y volví a sentarme como al principio, la gorda me miró y luego se sentó a mis pies. Temblaba como un chancho en el matadero asique acariciándole se fue durmiendo y de a poco empecé a sentir su calorcito en los dedos.
Las horas de las 4 a la 6 se hicieron eternas. Volvió a escucharse el silbido vagar cada vez más cerca y la claridad que lo iluminaba todo. En un momento el silbido se detuvo frente a mi carpa y pude distinguir la silueta oscura de algo a travez de la tela de la carpa. Mire la hora, 5:03.
Pero la gorda dormía plácidamente a mis pies y ya no intente siquiera a abrir la carpa para descubrir que era.
Me quedé mirando fijo en la oscuridad a la silueta oscura que silbaba disonante. Luego de un rato , cuando parecía que iba a acercarse desapareció y se llevó con ella esa claridad extraña.
Mire la hora 5:30, sensación termica de 5°.
Debí haberme quedado dormido porque me despertó la alarma de las 6:10 para que tome la medicación. Tenía las piernas dormidas, un poco por el frío pero más por la posición asique me arrástre a buscar la levo que ya había dejado a mano.
Veo que todavía hacen 5° C, pero en pocas horas va a amanecer, siento ganas de ir al baño pero espero porque creo que la temperatura va a empezar a subir. Para las y media y como no me canso de equivocarme ahora hacen 4°C pero ya no me aguanto. Salgo aún en la penumbra y la gorda sale conmigo dando brincos, feliz ella como si no nos estuviéramos congelado. Pero quizás este es su día a día.
Recién en el baño me acuerdo que llevo muchas mudas de ropa superpuestas. Al volver a la carpa duermo una media hora más y vuelve a ganarme el frío. Me rindo definitivamente.
Vuelvo a ponerme las botas, me calzo la cámara al cuello y salgo directo a la principal fuente del frío. El río.
La gorda me sigue hasta la orilla donde las ráfagas amenazan mandarnos a volar, pero ya estamos indiferentes a sus caprichos.
Subimos juntos hasta la gruta de la virgen y desde alli en el horizonte se ve como a las 7:40 empieza de a poco a amanecer por fin el jueves 17.



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