Cartas a nadie

Desde que tengo memoria los relatos en mi cabeza empiezan como una carta. "Querida majo: va a ser nomas como dijo el pronóstico ya que ni bien llegué el cielo se nubló completamente, va a llover". Como cartas que nunca enviare.

Cuando era más niña le escribia a mi mamá. Pero no a la que llegaba a casa del trabajo, no, a una mamá, alguna, que nunca me respondió una carta mental pero las leía todas.

Le contaba cuando me sentía solo en el recreo o la ansiedad que me generaba siquiera pensar que llegaría el recreo y no tendría como disimular que no tenía grupo con el que jugar o charlar. Le contaba a ella cuando me daba cuenta de algo feo que me hacían a propósito aunque fingíera que no lo noté. Cuando descubrí la biblioteca que empezó a salvarme los recreos, pero como me costaba mucho aún  leer, elegía los libros ilustrados de animales.

Le contaba a la persona real o ficticia en mis cartas todo lo que me hubiese gustado contarle a alguien. Todas esas historias que fueron cavando hondo y para adentro. Tanto que cuando por fin tuve a alguien con quien hablar , le dio miedo el eco que esa profundidad producía. De a poco entendí que quizas no todas las historias hay que contarlas, y que incluso existen personas que no se cuentan historias.

"¿Por qué será que todos mis viajes pasan por agua?" sigo el relato de mi carta mental a pesar de que con la tecnología de hoy tranquilamente podría mandárselo por wsp, pero no es lo mismo.

El wsp va por aire y mi relato va por tierra. Mi relato dobla por calle San Martin y toma la Bartolome Mitre derecho hasta la entrada de Empedrado, de ahí se sube a la ruta 12 y viaja una hora aproximadamente para tocar la puerta de majo si es que está en su casa durmiendo siesta, o quizás en el consultorio ya trabajando.

Un wsp molesta, mi relato pide permiso y pasa, como si de verdad lo fuera a enviar.

Desde que tengo memoria narro cartas en mi cabeza que si hubiesen sido escritas hoy formarían quizás grandes enciclopedias. Y quizás y sólo quizás, si hubiesen tenido un lector, su eco hoy no sonaría tan fuerte para ser oídos desde Empedrado hasta Corrientes. 


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