Noches reales
Antes incluso que la trafic se detenga y descargue mis cosas en la vereda ya la había visto a lo lejos. Me despedí de todos rápido y arrastre todo bajo la garita de la parada del cole.
Me deje caer en el asiento de metal suspirando ruidosamente, tanto que una señora de la casa de atras, se asomó desconfiada corriendo la cortina de la ventana que daba frente a la parada. El sol, aún fuera de vista ya iluminaba todo el cielo, haciendo de ésta una hermosa mañana de domingo.
A pesar de que ya había empezado a escuchar los gritos a lo lejos me decidí ignorarlos. No quería nada más que pedir un Uber lo más pronto posible con la batería que me quedaba y llegar a mi casa. Estaba cansado y harto con letras mayúsculas.
Una serie de pequeñas catástrofes consecutivas habían echo de ésta, la mejor noche para todo el mundo, la peor de todo el carnaval para mi hasta la fecha. Venía apretando los dientes, los puños y los pensamientos oscuros y malditos contra un rincón de mi cerebro desde hace horas, con toda la esperanza de que no salieran a hacer daño estando tan cerca del final.
Fue ahí cuando me di cuenta de que se había mandado a cruzar la avenida. Ahí estaba ella, quebrada por el alcohol y dios sabe que otra sustancia, casi al punto de desmayarse en cualquier momento. No sé como lograba atinar un paso tan veloz como con el que llego a la parada donde yo estaba.
Alternaba entre la borrachera y el delirio un discurso que, combinado con mi cansancio y mi sordera me era muy difícil de entender. Por dentro putee en todos los idiomas como parecía que mi noche no terminaría más.
Nada mas verme y saludareme como si fueramos conocidos de toda la vida, empezó a hablar de los carnavales, alternando palabras y oraciones entrecortadas con gritos guturales. Solo se interrumpia brevemente cuando sacaba una botella de licor de anís y tomaba un trago largo.
Me ofreció, me negué. La verdad de la bronca tenia anudada la garganta y no había tomado ni agua desde hacia rato, mi conservadora volvía casi igual que como salio de mi casa.
Ella me miraba como queriendo sacarme la ficha, y se carcajeaba con una sonrisa casi sin dientes, totalmente extasiada de sus propios chistes. Llevaba marcas muy visibles que hacían sentirse avergonzados a mis desgracias de esa noche.
Yo no quería tenerle miedo, pero un poco me daba cuando pegaba esos gritos y saltaba a centrimetros de mi, extendiendo su cuerpo en toda su longitud como queriendo alcanzarme sin levantarse del asiento de la parada.
Ni el uber me tomaba el pedido, ni yo quería ser ese tipo de persona con el que probablemente ya se había cruzado varias veces esa noche.
Pero ya iban a ser casi tres horas desde que estaba evitando siquiera cruzar miradas con nadie para huir del conflicto, era una de las versiones que menos me gustaba de mi mismo.
Hice un breve analisis en mi cabeza, y dadas las circunstancias, el peor escenario era que en un arranque de esos de ira que parecía tener me diera un golpe o me atacara, pero no podía robarme nada de las cosas pesadas que llevaba y eso me dejó de alguna forma tranquilo.
Después de lo de mi teléfono, en mi orden de prioridades lo ultimo que podia hacer era llegar a mi casa con otra baja material significativa.
"A que si llega a ganar copa te moris" logre sacar en limpio de su oracion, entre varios gritos. "El dia que gane copa nos morimos todos" le respondí con humor amargo y ella casi se atraganta con su propia risa.
Un móvil por fin tomó mi pedido y sentí un poco de alivio. Mientras tanto ella volvía a tener un arranque de gritos enfurecidos por quien sabe que tema. En la vereda de enfrente se podía ver gente ya empezando a circular la avenida, que volteaba asustada a mirarnos. En ese momento fue que vi pasar el primer patrullero.
Un auto paso lento por la calle de enfrente y se perdió al meterse en una cortada. Yo fingí atender un mensaje, y ella por el contrario empezó a silvarles y gritarles. Lo último que necesitaba ahora si, era a la yuta.
Pasaron apenas unos pocos minutos cuando una camioneta de la policía doblo la esquina y empezó a acercarse directo a nosotros. Al llegar a nuestra altura se frenó y desde la ventana del acompañante el cana le grito "subite". Ella fingió no escucharlo y se sentó derecha por primera vez desde que llegó.
En la ventana de la casa volvía a asomarse la señora ahora con cara de enojada. Luego pensé que quizás era ella quien los había llamado, lo cual parecia tener poco sentido para mí, ya que estabamos en una parada de colectivo en la via publica ¿cuantas veces a la semana estaría la señora pegada al teléfono llamando por lo mismo?
"Tomatela!" Le grito ahora un tono más enojado. "Yo estoy esperando el colectivo" logró responderle ella de la forma más decente y convincente que podía dado su estado. Si no la hubiera escuchado vociferar incongruencias hace unos minutos no me hubiera parecido para tanto.
"Listo ahora vas a ver" respondió el hombre, y en dos movimientos su compañero que iba al volante estacionó. Con la velocidad propia de la costumbre, saltó de la camioneta y se planto enfrente mío. Hasta ahora no habían dado indicios de que notaban siquiera mi presencia en aquel cuadro.
Yo parado y muerto de frío, con el maquillaje corrido porque me lo había frotado sin querer cuando me cayo agua en los ojos, estos últimos rojos al borde de las lágrimas por el daño y la irritacion que le habia echo los lentes de contacto. Con cara de pocos amigos ya desde las tres de la madrugada y el reloj ahora que marcaba casi las siete, solo me salvaban las fechas y el tocado con plumas en la mano, de no ser también el objetivo principal del prototipo de facho que me miraba ahora de frente y demasiado cerca.
"¿Te estás molestando amigo?" Me preguntó señalandola con la cabeza, casi pidiendo mi visto bueno para ejercer una autoridad inexistente y una fuerza desproporcionada sobre su humanidad ya vencida por las sustancias.
Yo que llevaba horas sin mirar otra cosa que el piso, para evitar ver rojo, levante la vista serenamente hasta cruzarme directo con la del oficial y con mi mejor papel de estúpido le respondí "no para nada, esta esperando el colectivo y yo mi uber que igual ahí ya esta llegando" dije señalando a la calle por la que habian llegado. Y por alguna suerte o milagro cuando apunté efectivamente un auto que concidia con la descripción estaba doblando la avenida.
El conductor freno con las valisas, me despedi y me acerque. El oficial a mis espaldas muy a regañadientes se subió a la camioneta con la misma velocidad que se bajo y arrancaron antes de que yo termine de subir la conservadora al asiento. Ella quedó sentada en la parada, soltando insultos e improperios, algunos me parecio que iban también hacia mi.
Una vez arrancó el auto me volvi a desplomar agotado, frotando mis ojos que me ardían casi tanto como la garganta.
"¿Venis de los corsos? ¿Hasta cuando sigue el carnaval?" Quizo saber el conductor.
Yo me reincorporé para no dormirme.
"Este finde ya se termina".
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