La aventura de Logan
Ahí estábamos de nuevo, en otro día caluroso como todos los anteriores.
Entre la humedad y la mosquitada que brotaban de los pastizales cercanos, sacando la bolsa de alimento del galponcito y hacíendo sonar los potes de plástico con la mano. Ese era el llamado a comer para la jauria de perros que vivía en el predio olvidado del club.
Perros rezagados por la vida, abandonados a su suerte al costado de la ruta, viejos, heridos y mutilados que habían llegado a parar allí, muchos encontrados por mi amiga y levantados sin pensarlo dos veces.
Nosotros que también habíamos llegado ahí por casualidad, les traíamos de comer, los desparasitabamos y hacíamos de enfermeros ambulatorios para sus bicheras e infecciones.
Aquella siesta cuando terminé de servir el ultimo plato, vi que un cachorro negro bien flacucho se asomo tímidamente a la reja.
"Y ese?"- Pregunté a mí amiga.
"Ese le regalaron al hijo del capataz, ayer lo trajeron de el barrio de acá al lado"
El cachorro se acercó tímidamente y desconfiado, pero después de unas caricias se puso a jugar con mi mano y mover la cola como loco.
"Parece re bebe"- le comenté sorprendido ya que pese a todo, la talla del negrito era bastante grande.
"Es re bebé anga, la mamá es Gran danés, va a ser enorme, por eso lo trajeron..."- me respondió ella.
Yo la miré pero preferí no entrar en detalles. Ya habíamos visto la crueldad con la que se manejaban muchas personas ahí.
El pequeño Capitán casi siempre que nos veía llegar venía corriendo de felicidad y se ponía a jugar con todos. Flacucho como estaba, se engullía la comida en dos bocados y seguía jugando. A veces no llegaba, y luego nos enterábamos que había estado atado por horas, castigado por romper algo con sus dientes de cachorro.
Pero conforme empezó a hacerse más alto empezó a llegar con heridas y marcas de golpes. A pesar de todo el siempre estaba feliz y babeandonos.
"y esto?"- Le señalé un día a una herida profunda que tenía en el hocico. Mi amiga trago bronca.
"El hdp del hijo del capataz lo quiere para perro de pelea. El otro día los escuché hablando,Acá en el barrio hacen apuestas, por eso lo trajeron, porque va a ser un perro grande, y le pone con otros perros para que le muerdan y se haga malo". El más profundo odio le bailó por su mirada.
Lo miré, él con su boca abierta a su máxima capacidad sacaba la lengua jadeando mientras nos regalaba una mirada boba. Un perro que jamás nadie podría calificar como malo.
"tenemos que hacer algo"- le dije.
"Si, no se puede quedar acá" contesto ella.
"Podríamos conseguirle casa"
"Pero tiene que ser en secreto, sin que se enteren o se lo van a llevar"-me siguió ella confabulando.
"Ustedes están locos" dijo un tercero. Pero la idea ya estaba plantada.
Casi como un milagro llegó al poco tiempo una respuesta , un mensaje: "yo lo quiero".
Enseguida nos miramos y sabíamos lo que seguía...había que robar el perro.
Era la parte fácil pensamos, ya que el cachorro pasaba la mayor parte del tiempo con nosotros, pero la tarde que planeamos lo íbamos a llevar, estuvo atado, castigado como siempre.
Evaluamos muchas posibilidades, pero al final de la jornada de actividades no había solución.
"Hagamos una cosa, vamos ahora a tu casa y volvemos a la madrugada con el auto a buscarlo" propuso mi amiga como siempre con sus ideas arriesgadas. Pero nos pareció bien.
Atrincherados en mi departamento toda la noche, compramos una pizza y masticamos tratando de no dormir, hasta que a eso de las tres de la madrugada marchamos en silencio otra vez con el auto. Ahora con una amiga que había caído de polizón, y que no estaba muy de acuerdo con todo el asunto.
Llegamos con las luces apagadas del auto hasta la tranquera para no ser vistos y la dejamos a mí amiga asustada y retobada a cuidar el auto mientras nosotros nos bajamos con linternas en mano.
Entramos como ladrones sin hacer ruido, pero al toque notamos una música y risas al final del pasillo. La peonada se había quedado a comer un asado y a beber después de la jornada.
Estaban todos borrachos bailando a los gritos, y con tan mala suerte para nosotros que capitán estaba en el medio de la ronda, viendo si cazaba algo de lo que caía al piso.
Incrédulos de nuestra mala suerte nos rendimos y volvimos a mí casa.
"No te preocupes, mañana vemos" me dijo mi amiga para consolarme. "Te busco temprano y vamos". Yo asentí y me dormí apenas, pensando que al día siguiente habíamos ya coordinado con el adoptante para que se lo lleve, pensando que ya estaría en mi casa.
A la mañana siguiente el silencio era sepulcral. Propio de un día de muchísimo calor y con toda la peonada durmiendo y con resaca. Buscamos al cachorro por todo el predio sin suerte.
"lpm, se ve que está en la pieza del pendejo, que está encerrado con el aire durmiendo" -volvio al rato puteando
El corazón se me vino al piso, nuestro elaborado plan se caía a pedazos. Nos miramos en silencio durante un segundo. Y entonces a mí amiga le brillaron los ojos, como quién tiene una idea brillante y malvada.
"vos dale de comer a todos, hace rutina normal así nadie sospecha nada"- propuso de golpe.
"¿qué estás por hacer?" -Le dije sabiendo la persona que tenía enfrente. Automáticamente se rió.
"Voy a ir a la parte de los transformadores y voy a subir y bajar todo para que salte la térmica y se le apague el aire, cuando se levante a ver qué pasó ,seguro el perro sale"
"estás loca" - le respondí pero no la detuve, no existía tal cosa cuando se le ocurría algo. Hicimos lo acordado y cuando las luces saltaron, al poco tiempo se empezaron a escuchar portazos y puteadas.
De repente me di vuelta y frente a la reja estaba parado capitán, moviendo la cola, hambreado como siempre. Automáticamente le grité a mi amiga, que al verlo cerró el galpón y me dijo que lo lleve corriendo a la entrada, que ella iba a dar la vuelta con el auto y nos iba a esperar para que nos subamos.
Yo tomé mis cosas con una mano y con la otra un puñado de alimento que le iba mostrando y dando al cachorro, que me seguía corriendo sumamente feliz por el juego. Tal como dijo, cuando dimos la vuelta mi amiga ya estaba con la puerta abierta del auto gritando que nos apuremos. Subimos de un salto y arrancó.
"toma tapalo" - me dijo dándome una sábana. "Si nos cruza alguien no lo tienen que ver, a vos tampoco, o se me va armar quilombo". Y efectivamente cuando a unos quilómetros alguien nos cruzó, capitán y yo nos hicimos un ovillo contra el piso.
Agitados y jadeando llegamos a mí casa. Mi amiga lo abrazo casi llorando y le deseó una buena vida. A las pocas horas lo buscaron para ir a su nuevo hogar.
Poco supe de lo que pasó luego, sé que un tiempo lo buscaron y mucho maldijeron. Intentaron acusar a mi amiga pero nadie la había visto con el perro ese día. Al poco tiempo y por circunstancias de la vida yo también dejé de ir al lugar.
Muchos años después me enteré que la mayoría de los perros habían muerto al poco tiempo, de diferentes enfermedades o de viejos. En remplazo de capitán el hijo del capataz había agarrado a "cachi", uno de los cachorros mestizos con los que jugaba. Y ahora se había vuelto un perro agresivo que mordía a matar, con el rostro surcado de cicatrices y mutilaciones de las peleas.
Está historia que siempre fue un secreto para todo el mundo, de los que participamos aquel día por miedo a alguna represalia, hoy me parece de otra vida.
Pero fue parte de los once maravillosos años que vivió Logan en su nueva casa, rodeando de mimos, amor y mucho afecto. Sonriendo y jadeando de felicidad hasta hoy en su último suspiro.
Ojalá mi amiga, que también tuvo que huir muy lejos de la maldad del mundo, un día pueda leer esto. Y sepa el final de la historia.
Hasta siempre querido Logan.

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