Ovejitas descarriadas
¿Dónde estabas el 15 de julio del 2010? Yo estaba sentado en el living de mi abuela, era jueves y habia acaparado la televisión desde la tarde, para ver la transmisión en vivo del debate de la ley en el congreso. Mientras tanto afuera, y en todo el país, se llevaban a cabo movilizaciones por este hecho historico, y Resistencia no era la excepción, pero en ese entonces yo estaba todavia con la mayoria de mis conocidos "en el closet".
No recuerdo con qué excusa le habia justificado a mi abuela mi interés, ni si ella me había creído o no, ya a esas alturas de la convivencia habíamos tenido varios episodios que podrían haberle dado a entender que mis preferencias no eran las de la mayoría, pero a ninguno ella le habia dado importancia.
- No te quedes toda la noche en vela- fue lo único que dijo antes de irse a dormir temprano, a las nueve, casi como todos los días que no habia alguna visita, sin embargo el debate se extendió hasta altas horas de la madrugada. Yo tenia dieciocho años recien cumplidos, no tenía idea que iba a ser de mi vida o sí siquiera queria casarme algun día, pero sentía que lo que estaba viviendo era un momento trascendental en mi historia.
Tenía varias amistades bastante liberales que, aunque no todos eran parte de la comunidad, iban a estar presentes, en la marcha en el centro de la ciudad, a favor de la ley de matrimonio igualitario, pero tenía muchas más en la contra marcha que se había armado esos días, en el mismo sitio, para protestar en contra.
Es más, gran parte de esa marcha estaba organizada por personas de mi ex colegio, una institución católica semi privada que estiró todo lo que pudo su estatus de "solo para señoritas" ; hasta que las coimas ya no alcanzaron a frenar la ley que les exigía incorporar aulas mixtas. Las hermanas, docentes y varias ex compañeras estuvieron presentes esa tarde defendiendo la sagrada institucion del matrimonio, que impuso Dios entre hombre y mujer únicamente, parados frente a mis amigos del otro lado con sus banderas improvisadas y coloridas pinturas de guerra.
Yo siempre fui un desastre de estudiante para mi colegio, en casi todos los sentidos, lo único que no hacía era quilombo, pero constantemente estaba rompiendo con la estética y la moral, que a toda costa querian mostrar de sus alumnas, las hermanas Franciscanas que dirigían la institución. Lo mío no era hacer quilombo, no porque no quisiera, sino porque alzar la voz y defenderme no era un punto fuerte en mí. Para eso estaban mis amigas, que aunque no tenían siempre todos los elementos, se paraban de tú a tú con cualquiera, si una situación les sonaba injusta.
-El problema tamu, es que vos no tenes carácter - me dijo una vez Agus, luego de defenderme a una burla puramente mezquina, que una preceptora me había hecho y yo no reaccioné. "Tiene razón" pensé mientras me reía y fingía que no me importaba, pero lo que yo en realidad tenía, era mucho miedo.
Tenia miedo ya en el living de mi abuela, sentado en el piso con la luz apagada, porque ya era de noche y con el volumen apenas audible para escuchar las barbaridades que señores con corbata y saco decían que iba a pasar si dos putos se casaban. "Se iba a destruir la familia" decían, y yo trataba de pensar en si se referían a familias como la mía, tan violentas y conflictivas que tuve que huir, o como la de mi mejor amiga, que ambos padres tenian sus respectivos amantes pero seguian juntos por la pinta, o quizas se referian a familias como la de mis primos que los habia criado mi tia, practicamente sola ,cuando mi tio se fue detras de otras mujeres. ¿Cual familia se veria más afectada de que dos putos se casen?
La facultad y estar fuera de la mirada de mis padres, significo nuevos aires de libertad para desarrollar y entender mi identidad, y tambien lamentablemente para desmitificar la creencia de que el problema "anti gay" era puro y exlusivo de la creencia religiosa.
Mi momento de "salir del closet" tuvo poco que ver para mi con sacarme una verdad de adentro y más con una movida estrategica de supervivencia. Una vez más la vida para mi se resumia en sobrevivir. Ya había concluido que no iba a poder cambiarme, y más allá de aceptarme, necesitaba generar aliados, la calle era salvaje y estaba repleto de enemigos escondidos detras de amables rostros que te sonreían.
Sentado al borde de mi cama, en mi habitación del pasillo en casa de mi abuela, había contemplado una vez más la opción de matarme antes de enfrentar aquello. Se repetían en mi cabeza una y otra vez los dichos de mis familiares y allegados, sobre "la gente esa" que salia siempre haciendo quilombo en la tele y queriendo romper el status quo. Tenía frescas todavía las anecdotas de mis amigos cercanos, que ya lo habian contado, y de lo que les había pasado.
A una amiga su propio hermano con sus amigos la cagaron a palos en la calle, cuando la encontraron con la novia; a otro amigo lo habían sacado del closet a la fuerza, cuando un supuesto amigo difundió el secreto, y desde entonces su colegio y su casa se habian vuelto un infierno del que no podía salir, y ya no lo dejaban juntarse con nosotros. La última vez que lo encontramos estaba pálido y ojeroso, meses después nos entraríamos que lo habían internado por intentar cortarse las venas.
Yo no quería eso, yo no quería pertenecer a un mundo donde todos te odian sin conocerte, donde todos saben a lo que tenes derecho y a lo que no, porque su propia religión o creencia se lo dicta.
Sin embargo esa noche, contemplando mis opciones ,comprendi que esa era la imagen más gráfica que podía hacerme del miedo. Es como estar sentado sólo en la oscuridad de una habitación, sin poder comunicarte siquiera con una persona que tienes a pocos metros. Esa era realmente la vida que no valía la pena vivir.
El viernes 16 de julio la Argentina amaneció con una nueva ley aprobada y la imagen de la fiesta hasta las lagrimas que se vivía entre las agrupaciones LGBT de ese momento, que sentiamos que el mundo era un sitio un poco mejor, un poco mas igual. Fuimos noticia en todo el mundo por dar ese primer paso histórico en america latina.
Ese misno año yo fui contandole mi realidad a mi familia y amigos, y aunque no todas las reacciones fueron buenas, esa habitacion oscura del miedo, fue un sitio en el que no me volví a sentar. Por el contrario, con cada encuentro de odio injustificado que vivía, encontraba más coraje y más voz para luchar.
De a poco fuimos empezando a juntarnos y formar las primeras marchas de este lado del país, donde eramos casi cuatro perros locos, y caminabamos con desconfianza esas tres cuadras que nos habilitaban, en lugares y horarios ridículos para que alguien pudiera llegar realmente a notarnos. Por cada uno de nosotros que estaba ahí en la calle recibiendo burlas y silvidos, teníamos un montón de nombres más en la mente, de quienes no se animaban, o ya directamente no podían estar presentes.
Pero los años fueron pasando, y conforme la información se hacía más accesible dejamos de ser pocos en las marchas, y los espacios seguros se fueron agrandando. De pronto un día, ya no tenías que pedir que te traigan algun distintivo LGBT desde Bs As o Córdoba, porque podías conseguirlos en emprendimientos disidentes locales. Las injusticias y crímenes nunca cesaron, siempre había algo por lo que luchar, pero parecía que íbamos todos acorde al mismo horizonte. Las marchas eran una verdadera fiesta, aunque siempre nos faltaba alguien.
Pero casi como si me hubiera dormido sobre un arbusto de laurel, el 2023 me despertó a palazos, y de repente no entendía nada. Sentado en la sala de mi terapeuta, yo un obsesivo empedernido en saber el por qué de las cosas, no podía entender comó, si ayer parecía que estabamos todos de acuerdo y entendíamos las cosas básicas que estaban mal, ahora todos elegían a una persona que a gritos violentos en la television las incentivaba. De repente me vi otra vez acorralo de gente falsamente sonriente, que hasta el día anterior me habían tratado como un igual, y hoy publicaban discursos falsos y denigradores que me incluían.
Entré en pánico. Lo que más me descolocaba, era escuchar estos mismos discursos dentro de personas jovenes y nuevas de la comunidad, que se creían completamente ajenas a los movimientos que dieron origen a muchos derechos con los que ya habían nacído. Que habían normalizado tanto un entorno seguro, que no solo se habían ido a dormir con los lobos, se crían parte de ellos.
Las nueva generación de ovejas descarriadas se habían dejado convencer por los lobos, de que ellas eran las que los sometian, que ellas eran las que les imponian cosas a la fuerza, y las muy ingenuas habían entrado por la puerta principal del matadero.
-vamos a ver, quizas no pasa nada- dijo mi terapeuta, no sé si para tranquilizarme a mí o a los dos. Pero sí pasó, paso casi como el cuento infantil más conocido del mundo, donde a la primera oportunidad el lobo se sacó el disfraz de abuelita, que encima era un disfraz malísimo y se distingia a leguas.
De a una se fueron comiendo a las ovejas, cuando algunas incluso ya colgadas de las patas, y a centimetros de la motosierra en su vientre rosa, te decian "esto es necesario".
Y así, como quien reinicia un juego del que no guardo bien la partida, un día volvimos a organizar la marcha con un extenso protocolo de seguridad y un miedo que pensé que con los años iba a poder olvidar. Marcando nuestros datos en nuestra ropa o alguna parte del cuerpo, mientras nos tildaban de dramaticos y exagerados en las redes, los mismos que a la noche en patota y borrachos esperaban a verte pasar para seguirte, los mismos que arengados por discursos de odio, te acosaban y te golpeaban impunemente, pero cuando uno los apuntaba se victimizaban.
Un día volví a hacer de cada salida a la calle una marcha y de cada decisión de vida una postura política. Porque cuando se trata de volver, al cuarto oscuro del miedo, no vuelvo nunca más.

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