Promesas
Falta poco para las 19:00hs y estamos casi solos, de frente ella y yo. Desde que decidió aparecerse reiteradamente en mi camino la tengo presente, pero en realidad nunca le he pedido nada.
La fé lleva años sin ser lo mío,y sin embargo aquí estoy. Con la noticia ambigua de que el cuerpo del abuelo está un poco más estable pero no así su actividad neuronal, tengo miedo de que todo desemboque en el bache médico y legal que genera tener sólo un cuerpo vacío conectado a máquinas por años. Me imagino a mi abuela ya consumida por estas semanas, incada al costado de una cama, con la fé intacta en el milagro que traiga de nuevo a su amor de toda la vida.
Envidio y le rehuyo en igual manera a esa esperanza. Éste septiembre ha sido difícil para mí desde el día uno, alternando entre la enfermedad del abuelo y la lucha para extirparle a Aira el tumor del Bazo que la consume cada día más.
Aunque suene cruel, mi mente siente más culpa por ella, que sólo me tiene a mí como mayor cuidador de su bienestar, que he estado yendo y viniendo todo el año con problemas. Y de repente me encuentro sobrepasado por la situación de estar entre buscar recursos para prolongar su vida o decidir solo mejorar la calidad de la misma hasta que sea "suficiente".
No tengo esa responsabilidad con el abuelo, quizás por eso estoy aquí sentado en estas bancas de madera.
El abuelo que venía misteriosamente enfermando el último tiempo ahora nos da un giro argumental que nadie esperba, pero no es cruel y nos regala mal que mal, semanas de especulaciones para hacernos a la idea.
Militamos religiosamente afuera del sanatorio con la familia esperando el parte médico todos los días. Nos mandamos mensajes, compartimos mates, palmadas y abrazos.
Todos nos preocupamos más por la abuela para ignorar nuestro propio infierno. Mientras nos hacemos cómplices en los chistes, refrescando lazos olvidados por los años.
Yo me siento culpable al estar aquí, porque siento que traiciono el discurso colectivo de "todo va a mejorar". Quizás sea por los conocimiento médicos, quizás sea por la experiencia previa, sea por la razón que sea, yo desde el primer día de terapia intensiva no creo que el abuelo vaya a volver. Aunque en los silencios siento que todos nos estamos mintiendo.
Pero mientras estoy aquí, sentado frente a ella, creo que la de mi abuelo es una salida digna, envidiable , una que aspiro pero creo que jamás llegare a tener.
Mi abuelo Guillermo se durmió lúcido. Dejando atrás un legado vivo de amigos, colegas, familia. Y una mujer que lo ama hasta más allá del último latido. Si se esta tardando en despedirse es sólo para darnos el respetuoso espacio para organizarnos de nuevo sin él.
-"El abuelito se está quedando por ella" dice un primo en referencia a mi abuela y es lo que yo también pienso. El abuelo siempre tuvo una conexión con lo místico que plasmaba en su arte y un poco contagiaba a la abuela. En realidad somos nosotros los que no sabemos como continuar con su excelente labor.
-"Descansá tranquilo que nosotros cuidamos a la abuela" -me entero después que alguien le dice, al mismo tiempo que yo en su iglesia le pido a ella que termine esto yá "de la mejor manera posible", y le prometo que si no somete a mi familia a la tortura de venerar a un estuche vacío, yo voy a llevar su imagen a cada sitio que visite en mis viajes venideros.
Santa Rita me mira desde su altar y cumple. Cumple también el abuelo al que le pedí por favor no irse en septiembre, marchándose el primero de octubre a la madrugada.
Yo me siento cumplido y culpable mientras abrazo a mi abuela que llora "se me fue mi compañerito". Y tengo la certeza de que nadie núnca me va a amar tanto.
El primero de octuble del 2024 el "63" se vuelve mi número de la suerte para cualquier tontería en lo que decida usarlo. Y yo milito mi promesa dejando una imagen de mi patrona a cada santuario al que visito en mis viajes.
Mi abuelo en realidad núnca me dejó. Lleva a diferencia de otros, casi un año apareciendo en historias, números, sueños y paisajes.
Pero abuelo, si estás de alguna forma leyendo ésto, perdón. Porque en realidad muchísimas veces te extraño, pero tu partida me suena más al final feliz de un libro de aventuras.
Ése que todos estamos siempre buscando.

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