A prevenir, septiembre llega tarde

Sinceramente no sé por qué eligieron septiembre para preocuparse por los suicidios, si me preguntan, a mí me parece un poco tarde en el año, pero bastante acorde a los discursos superfluos que se emiten sobre estas fechas.
Siempre dicen que nunca es tarde mientras sigas vivo, pero lo dicen màs que nada los que nunca lo sintieron. Y es un concepto que más que ayudar hace mucho daño a quienes si lo viven, ya que agranda esa sensación interna de no tener nada que ver con la gente "normal".
Y aquí por fin este blog puede entrar en polémica, pero para mí prevenir el suicidido en una persona que ya lo esta pensando o esta parada arriba de un puente mirando con hambre al vacío infinito frente a él, es como descubrir un cancer a través de su metastasis, y mirar al enfermo convaleciente en la cama y decirle "uuf, menos mal todavia no te moriste". Sí, así de cínico. Y no l digo desde un hueco prejuicio, sino como una persona que ha estado en ambos lados de la línea.
¿Entonces cuando es temprano? Y no sé exactamente, va variando desde la experiencia de cada persona pero les puedo asegurar que para muchos la idea empieza a formarse muy temprano en la infancia. Pero no es como suelen creer, que se forma del pensamiento ordenado y lògico de la vida y la muerte. No, empieza con un niño indefenso que se dice a si mismo "ojalá no estuviera aquí" "ojalá no hubiera nacido nunca".
A pesar que no tengo muchos recuerdos activos de mi infancia, sí recuerdo que tenía ocho años la primera vez que lo pensé. Lo recuerdo tan patente porque cuando salí del baño en que me habia encerrado, llorando y asustado luego de uno de los arranques de ira que solía traer papá del trabajo, corrí a la pieza que compartia con mi hermana mayor y busqué entre mi desastre la tarjeta de cumpleaños que una compañera habia echo hacía poco. Atras habían marcado un pequeño croquis de la ciudad para saber como llegar bien al salón del cumpleaños. En mi fantasiosa mente de infante eso era como un mapa para irme lejos sin que me encuentren, pero la sola idea de vagar sólo por las calles con una mochila me dío pesadillas mucho tiempo, ademas no tenía dinero para el colectivo, ni sabía como funcionaban los trayectos de colectivos, ni nada.
Ese día nació en mí por primera vez la idea paralizante de "no hay salida, esto es todo lo que va a haber siempre", una idea que cada vez que la realidad se cubria de gritos, peleas, golpes e insultos sólo podía ser aliviada por la fantasia de "que lindo sería poder desaparecer sin dejar rastro".
Las caricaturas que tanto me encantaban por darme la posibilidad de creer en una escapatoria milagrosa o mágica, tambien moldeaban mi vocabulario (ya de por si deficiente) y solo generaban conflictos en casa y bulling en el colegio.
"¡oye tu!" me gritaban N y sus amigas en el recreo y se arrancaban a reir de todo lo que estaba a su alcance hasta que sonaba la campana de clases ,"¡habla bien! abri la boca, mo-du-la" me decian en casa mis padres con cara de tener pésimas espectativas de mi desarrollo escolar. "no te entiendo, balbuceas"  Al final terminaba exhausto en mi cama pensando, a veces escribiendo con mi letra ilegible, como desearia no estar aquí, cerrar los ojos e irme desvaneciendo de a poco.
Al rededor de los catorce años ya sabía lo que significaba morir, o querer morirse todo el tiempo, pero al igual que las dinámicas familiares violentas, lo tenia tan normalizado que pensé que era algo que todos pensaban. Conseguí un grupo de amigos tan dañados y raros como yo, y de alguna forma verbalizar nuestras conductas destructivas las atenuaba. Todos queríamos morir pero no queríamos ser el que viva luego de que el otro se murió.
"¿que acaso no es normal pensar en morirse?" le pregunte con zorna a una psicologa que me habia buscado en secreto para que nadie se enterara de que estaba pasando por ataques de panico cada vez peores luego de una situacion de maltrato en la facultad. Ella me miro como si estuviera leyendo cosas sobre mi cabeza y  dijo "no". Así sin más me enteré que es normal sentir las emociones, pero no el camino que trazaba mi cabeza para aliviarlas. 
Por eso digo que cuando a los veintiseis años desperté en la guardia del Hospital despues de mi primer intento, ya era tarde, porque por más que esta era la primera vez para el mundo de afuera, yo ya había pensado hacerlo demasiadas veces.
Tarde no porque no estuviera vivo, sino porque mi mente estaba tan dañada luego de años de llevar una doble vida escondiendo las enfermedades mentales que sufría de todos a mi alrededor, que cuando me desperté y me di cuenta que estaba vivo con un amigo haciendome guardia sentí terror. En mi mente mi vida se habia acabado en ese momento, al quedar en descubierto mi yo real, y solo iba a empeorar luego de enterarme que mi hermana mayor había llegado hasta allí a fuerza de alertar a toda mi familia. Ahora todos lo sabían, todos iban a querer una explicacion, todos querian respuestas. Si de camino a la salida hubiera existido un precipicio, yo lo hubiera saltado sin pensarlo antes que salir a enfrentar el mundo.

La gente suele confundir el "tarde" con el "a tiempo", porque es verdad, mientras sigas vivo estas a tiempo de cambiar las cosas, pero nadie le dice a los seres queridos de esa persona lo tarde que llegan a la batalla. Que no son solo semanas de controlar sus movimientos las veinticuatro horas, no son meses de acompañarlo a todos lados para que no esté solo, no son tres pastillas al día y dos sesiones de terapia a la semana.. Es reconstruir casi desde cero un cerebro absolutamente resignado y abandonado por su propio dueño. Es armar una nueva personalidad y un autoestima que puedan sobrellevar esta nueva realidad y reincertarse en una sociedad de la que nunca se sintieron parte.  
Nadie te dice eso, de echo el suicida tampoco lo sabe porque de hacerlo no sería distinto a decirle que confíe, que el tiempo lo cura todo, lo cual tambien es una mentira. La gente no sabe que eso va a durar años, y que el suicida como un adicto a su propio mecanismo de destruccion no va a colaborar, y entonces la gente se va a cansar y a soltarle nuevamente la mano.
Pero no se sientan mal, que en realidad el suicida es el que se tiene que salvar a si mismo. A mi no me salvo ningun amigo, ningun familiar, ningun terapeuta. Al final del día todos se tienen que ir como es logico, a ser protagonistas de su propia vida, y es allí cuando el silencio llega.
Yo  fui el que se salvo a si mismo en el momento en que todos se fueron y me quede solo, pero con los recursos nuevos que me dieron.
Por eso septiembre para mi no tiene mucho sentido. Si me preguntan a mí cuándo prevenir realmente el suicidio y desde donde, les diria que todos los días y evitando dinamitar nuestro propio autoestima y sabotear el de los demas.  
Es dicil levantarse a uno mismo desde un profundo hueco, es más sencillo aunque suene cliché ,evitar todos los días al menos con solo un gesto llegar a ese punto.
Puedes salvarte a tí mismo hoy evitando ir a esos lugares donde ya sabes que solo te hacen sentir mal, y elegir personas que no te valoran por sobre aquellas que si te saben cuidar. 
Salvarte haciendote a ti mismo esa comida que sí harias para cuidar la salud de otros, tomar las desiciones que aunque cuesten hoy, sabes que te van a hacer mejor a la larga. Dejar de ceder tu tiempo como si no fuera tan importante como el de los demás, solo porque asi te lo dicen. Dejar ya de aceptar trabajos que te enferman emocionalmente.  
Puedes salvarte hoy al dejar de ponerle a tus emociones etiquetas negativas y de justificar las de los demas. Salvarte hoy dejando de crear en tu vida un mundo cómodo para los demás pero incómodo de habitar para tí.
 
Prevenir el suicidio implica criar niños sanos y sin miedo a expresarse y a ser juzgados. Que se puedan sientír acompañados en sus aventuras y no tengan a cada paso que dan una voz que les este recordando todos sus errores y como lo deberían haber echo mejor.
Y eso aplicandolo para todos los niños de allá afuera, pero sobre todo para el que tenemos dentro. 






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