El justiciero en el cielo

Si al caminar por la ciudad te topas con un edificio minimamente antiguo y levantas tu vista al cielo, muy probablemente te encuentres con una flor amarilla con forma de campana. Te presento al Palan Palan, el justiciero de la naturaleza. El cuervo de nuestra huella histórica el día que llegue el apocalipsis.

Probablemente lo puedas ver como una ramita escuálida de grandes o pequeñas hojas, brotando de un techo, una terraza, un borde al azar o una rajaduras en la pared imperceptible para todo el mundo, pero no para el Palan Palan.

Es una planta silvestre autóctona de nuestra región, que tiene una ávida preferencia por nuestros edificios antiguos antes que por la tierra fértil. 

Al Palan Palan no le importa que tan importante es un edificio. El remodelaje de los cascos históricos esta prohibido para todos menos para él, que engañosamente brota como una planta inofensiva, pero a la hora de arrancar te das cuenta que tiene raíces profundas entretejidas por los cimientos. Y sin que te enteres se va comiendo poco a poco los minerales de la estructura hasta que un día tratando de hacer un pequeño revoque la pared entera se te viene abajo. Ya que solo queda arena sostenida por pintura.

No tienes ni idea como se reproduce pero cuando te quieres dar cuenta ya esta ahí con sus acampanadas flores amarillas y sus hojas potencialmente tóxicas.

Y es que si, como un buen justiciero, no es para nada inofensivo. Te advierten ya los antiguos pueblos originarios que consumirlo puede llegar a ser mortal. 

Pero no te apresures a emitir tu juicio ya que la naturaleza no es tan tajante con los grises como el ser humano le gusta clasificar. En un constante equilibrio de dar y recibir el Palan Palan es un amigo predilecto de los colobries y abejas que encuentran en la morfologia de sus flores la polinizacion perfecta. También es para quien sabe y conoce, una buena médica externa para los dolores articulares, cicatrizar heridas y curar ese grano combativo que puebla los rostros de los jóvenes. Pero insisto. No lo ingieras a menos que quieras un pronto reencuentro con tus antepasados. 

El Palan Palan es una bonita muestra de que la perseverancia y la paciencia también florecen, a su tiempo y sin autorización de nadie.

Puedes no verlo y cruzarlo unas 10 veces por día. No le importa, ahí está. Puedes arrancarlo con todas tus fuerzas del frente de esa casa que te niegas a usar pero tampoco vender porque los precios cambian cada día y tu quieres sacar siempre la mayor ventaja. Esta bien.

El Palan Palan espera mientras nos mira. Porque al final del día, de la semana, de este mes y de estos tiempos, todos nos iremos y él podrá reclamar tranquilo lo que siempre fue suyo.

Olvidadas quedarán nuestras guerras, nuestras ambiciones, nuestra lucha por dinero. Incluso nuestras victorias grabadas en piedra serán vueltas arena y regresaran a la madre tierra por este justiciero. 

Por qué si lo miras desde el ojo de nuestras plantas, el tiempo es cíclico pero también muy corto. Abajo de esas preocupaciones que nos agobian todos los dias, hay un pequeño minutero que nos recuerda aquello que conscientemente elegimos ignorar.

La vida es un ratito. Y debería ser más como la flor del Palan Palan, solo amarilla. Amar y ya.



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