La aventura de Logan
Ahí estábamos de nuevo, en otro día caluroso como todos los anteriores. Entre la humedad y la mosquitada que brotaban de los pastizales cercanos, sacando la bolsa de alimento del galponcito y hacíendo sonar los potes de plástico con la mano. Ese era el llamado a comer para la jauria de perros que vivía en el predio olvidado del club. Perros rezagados por la vida, abandonados a su suerte al costado de la ruta, viejos, heridos y mutilados que habían llegado a parar allí, muchos encontrados por mi amiga y levantados sin pensarlo dos veces. Nosotros que también habíamos llegado ahí por casualidad, les traíamos de comer, los desparasitabamos y hacíamos de enfermeros ambulatorios para sus bicheras e infecciones. Aquella siesta cuando terminé de servir el ultimo plato, vi que un cachorro negro bien flacucho se asomo tímidamente a la reja. "Y ese?"- Pregunté a mí amiga. "Ese le regalaron al hijo del capataz, ayer lo trajeron de el barrio de acá al lado" El cachorro se ace...